Hablar en público

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Oradores

 

 

No importa ser hábiles o guapos,

lo que importa es EMOCIONAR

a cada unos de los espectadores.

Los mejores oradores del mundo

 

 

Humberto 1º el Ministro de Gracia y Justicia

tramitó el indulto de un condenado con la apostilla:

Gracia imposible, dejarlo en prisión.

Pero el Rey cambió la coma y puso:

Gracia, imposible dejarlo en prisión.

Gracias a una coma,

un hombre alcanzó la libertad.

 

 

Se puede corregir la expresión oral.

Lo demostró Demóstenes,

que se convirtió en uno

de los mayores oradores griegos

a pesar de tener problemas

de respiración y de pronunciación.

No pudiendo pronunciar bien la ch, la r, la s y la l,

se ejercitaba metiéndose piedrecitas en la boca

y recitando en voz muy alta y de corrido, versos

mientras subía corriendo por las calles empinadas.

Ahorráte ese ejercicio. Te proponemos maneras más fáciles

de aprender a vocalizar.

 

 

Prem Rawat

un embajador de la paz

y uno de los filósofos de la voz.

Una de sus mejores conferencias

en las que demuestra que el corazón habla.

Uno de los mejores oradores

que consigue traspasar en su comunicación.

 

Craso cuenta que C.Graco,

cuando hablaba en público,

tenía a su lado a un flautista que,

oculto a la mirada de los oyentes,

le daba la nota justa

a la que debía adecuar la voz,

de modo que la levantara si

por casualidad había bajado de tono,

o la bajara si,

arrastrado por la fogosidad del discurso,

la había subido demasiado.

 

 

No discutir nunca con un idiota.

La gente podría no notar la diferencia.

Cuando hables,

no uses la oratio perpetua,

sino la altercatio;

es decir,

no hables sin interrupción,

sino dejando que tus adversarios

te interrumpan y te contradigan.

 

 

 

 

Proyectamos nuestros sentimientos en los demás,

en un 7 por ciento con las palabras,

en un 38 por ciento con el modo de decirlas

y en un 55 por ciento con la expresión del rostro.

Los porcentajes pueden variar

según la personalidad del orador.

 

 

 

Se sabe que, al ver algo excitante o agradable,

las pupilas se dilatan,

mientras que delante de algo desagradable,

se cierran.

 

 

Winston Churchill:

Yo no me preocupo de si la gente,

mientras hablo, mira el reloj;

lo que me preocupa es cuando,

después de consultarlo,

mueven el brazo para ver si no se ha parado.

 

 

 

Aristóteles aconsejaba:

Pensad como hombres sabios,

pero hablad como la gente común.

 

 

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